Claves para un rescate (y III)

 

Por Cristina Falkenberg – Fotografías Evaldés

Todas las fotografías son de animales adoptados a través de Protectora de Marina Alta

Esta serie de tres posts quiero dedicarla a Mamen, Sole y su hija, Cynthia, Mari Carmen, Ernesto, Marie, Gloria, Stella, Nico, Maite. Stefan y sus compañeros y a tantas personas que no han escatimado esfuerzos estos días. ¡Gracias a todos vosotros, millones de gracias!

Las semanas pasadas os hemos ofrecido unas pinceladas sobre lo que es un rescate en sus primeros momentos. Sin embargo, puestos los animales a salvo empieza una fase de recuperación y puesta en adopción, que puede ser más o menos larga.

Una primera cuestión que se plantea es dónde deba ir cada animal.

Algunos requieren estar ingresados en una clínica veterinaria, tal es su estado: sea en observación o porque haya que intervenirlos de alguna manera. Otros sin embargo podrán ingresa en residencias o casas de acogida.

Con frecuencia los animales deben permanecer en cuarentena, aislados de otros animales. Un primer análisis nos dirá cuál es la situación.

Muchos animales de rescate presentan cuadros de desnutrición y bajas defensas. Como resultado desarrollarán afecciones cutáneas que no son contagiosas para una persona sana. Otras sin embargo sí pueden ser contagiosas y es fundamental atender el criterio veterinario.

Ante cualquier duda razonable, debemos preguntar: pero queda terminantemente prohibido inventarse tratamientos o dejar de darlos simplemente “porque a nuestro juicio sea mejor otra cosa“. Lo que cura es la ciencia, no las meras buenas intenciones.

Los periodos de recuperación son, como decimos, variables, pero es muy frecuente que hayan de pasar unas seis semanas o algo más en cuarentena y luego otras seis u ocho semanas hasta empezar a lucir en todo su glamour.

Para la recuperación es fundamental contar con casas de acogida, personas que generosamente ofrecen a estos pequeños el calor de un hogar mientras esperan su adopción. Normalmente una Protectora correrá con todos sus gastos veterinarios y de alimentación. Y es un hecho que una casa de acogida, que por definición tendrá pocos animales, podrá prestar a cada uno de ellos la atención necesaria.

Una de las cosas más gratificantes que hay es ver cómo estos animales enseguida saben que están a salvo. Aunque físicamente su recuperación no sea inmediata, su mirada lo dirá todo. Los perretes empezarán a mover su rabito cuando nos vean y el estrés de los primeros momentos irá desapareciendo.

Los animales provenientes de rescate una vez recuperados pueden ser tan estupendos como el que más. De hecho suelen ser sumamente cariñosos y agradecidos. Sin embargo no todos tendrán la salida más fácil y algunos albergarán miedos y traumas que hay que superar con cariño, paciencia y algo de experiencia en educación animal.

La fase final es la de lograr su adopción, y ahí juegan un papel básico las casas de acogida y las protectoras. Hay que ser muy activos en dar a conocer al animal a posibles adoptantes. Los animales tiene que estar bien presentados y es un hecho que la historia de un rescate mueve muchas veces a tener una sensibilidad especial para con estos pequeños.

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.


*