Identificar a nuestra mascota (I)

 

Por Cristina Falkenberg – Fotografías Evaldés

Todas las fotografías son de animales adoptados a través de Protectora de Marina Alta

Hay dos grandes maneras de identificar a nuestras mascotas: mediante dispositivos visuales o mediante dispositivos electrónicos.

Entre los dispositivos electrónicos destaca el microchip. Este no es el único dispositivo electrónico que hay: por ejemplo, es cada vez más frecuente el uso de collares con GPS que permiten localizar al animal, a través de una aplicación instalada en un teléfono móvil.

La implantación del microchip al animal siempre supone su inscripción en un Registro.

Desde el punto de vista legislativo estamos ante materias que como dice nuestra Constitución, “podrán” asumirse por las Comunidades Autónomas, cosa que han hecho, por lo que cada Comunidad Autónoma tendrá su Registro de animales.

Están además la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC) y Europetnet, la base de datos europea. Estas dos últimas remiten siempre al registro autonómico donde se halle inscrito el animal, que es quien se encarga de la custodia y tratamiento de esos datos.

Además, y salvo municipios muy pequeños, también los Ayuntamientos suelen tener un Registro de animales de compañía censados en la localidad. La inscripción en éstos es obligatoria también, pero primero hay que inscribirlos en el Registro autonómico.

Telma, una bella Picnher que nos hizo llegar la Policía

La identificación de nuestras mascotas mediante un microchip es obligatoria desde hace bastantes años. La Comunidad de Madrid fue la primera en hacer necesaria esta forma de identificación para perros, allá por el año 1993.

Del mismo modo que las personas nos hemos de inscribir en diversos registros, caso del Padrón Municipal o el Registro Civil, también es necesario inscribir a los miembros más peludos de nuestra familia. Desde el momento de su inscripción tendremos una prueba, con detalles, de que ellos son uno más de casa.

Sin esa inscripción, siempre lo tendremos más difícil para probar que un animal es nuestro, hasta el punto de que la ley considere abandonados a aquellos animales que no estén acompañados por una persona y no tengan microchip.

¿Qué es un microchip?

El microchip es un radiotransmisor que almacena una secuencia de quince dígitos. No hay dos secuencias iguales. Quince dígitos dan para más de un billón trescientos siete mil millones de secuencias distintas.

El microchip se coloca mediante una jeringa. Las hay de distintos tamaños pero todas contienen un microchip que identifica a un animal. El microchip en sí tiene el tamaño de un grano de arroz y es perfectamente visible en una radiografía.

Las jeringas tienen agujas de distinto grosor. Las más finas son siempre menos molestas para el animal por lo que en Protectora de Marina Alta solemos optar por ellas. En nuestra experiencia el chip funciona igual de bien que si se coloca con una jeringa más gruesa.

Telma, con su hija Tula

El microchip sólo, por su cuenta, no tiene ninguna utilidad. El microchip es útil porque a él se asocian una serie de datos, que no pueden modificarse por cualquiera.

Los microchips no se venden libremente, ni cualquier persona puede inscribir a un animal en el Registro autonómico. De entrada suele haber un control de los Colegios de Veterinarios que saben qué microchips, con qué numeración exacta, se adquirieron por cada uno de sus colegiados.

Además, son éstos, los veterinarios colegiados quienes pueden poner el microchip al animal, solicitando al Registro autonómico correspondiente que se inscriba a nuestro nombre. Para ello habremos de aportar una serie de datos, identificándonos y firmando un formulario que se expide por triplicado: una copia es para el Registro, otra para el veterinario y otra es para nosotros.

Una vez el Registro haya inscrito al animal, recibiremos una carta y una tarjeta identificativa. Dueño y animal ya están asociados.

La semana que viene seguiremos hablando de este importante instrumento de identificación.

Tula, la guapa cachorra de Telma, días antes de adoptarse.

 

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