Mis mascotas

30mar 13

Eme y Juan

AA

No sé de dónde viene mi amor a los animales. Echo la vista atrás, intentando recordar si alguna vez, siendo niña, mis padres me dijeron: «no molestes al gatito», «trata bien al perrito» o me dieron una indicación general, como: «hay que respetar a los animales», pero no. Y es que jamás tuve la ocurrencia, como tantos otros niños, de molestar, incordiar y aún menos hacer daño a ningún animal. Ni siquiera a los pobres insectos; tan poco agraciados, tan fastidiosos y tan aptos para experimentar.

Desde niña me recuerdo amando a los animales, disfrutando de ellos. Cuando acompañaba a mi padre o a mi madre a hacer la compra del día, me gustaba quedarme en la puerta de la lechería, de la panadería o de la charcutería, con los perros a los que sus dueños dejaban atados en las farolas. Los acariciaba, los abrazaba y nunca temí nada de ellos; grandes o pequeños, ladradores o sumisos.

En fin, que creí que nada debía a mis padres en este sentido, pero me equivocaba. Seguro que alguna vez habéis oído la expresión «predicar con el ejemplo», pues exactamente eso fue lo que ellos hicieron. No hizo falta una palabra, solo dos hechos: nací en una casa con animales y crecí viendo cómo esos animales, perros, gatos, pájaros, conejos, tortugas…, eran tratados en mi casa por mis padres. No hizo falta más.

5 comentarios

  1. Veo a una niña abrazando a un perrito que espera a su dueño a la puerta de una panadería. Me conmueve. Me hace sonreir.
    Qué suerte… qué suerte… Benditos padres que supieron enseñar con su ejemplo.
    No estamos completos hasta que no entendemos, hasta que no hacemos sitio, un gran sitio dentro de nosotros a los animales. Mientras tanto seguiremos carentes de algo fundamental y enriquecedor.
    Muchas gracias. Precioso texto, preciosa historia.

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  2. Diana

    Cuando tenga un hijo, espero ser capaz de transmitirle ese mismo amor por los animales, tan importante. ¡Bien por Eme y Juan!

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  3. Es verdad, a veces buscamos palabras y en realidad, no nos hace falta ninguna. Gracias.

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  4. Deliciosa historia de la niñez,y a esos padres por enseñarnos a amar a los animales

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  5. También yo crecí en una casa llena de animales (Barbas, el perro, Dorotea, la tortuga, Felipe, el gato, Chicote, la codorniz, mis hermanas, y otros que fueron llegando después). Siempre les quise (a todos) y, desde luego, eso me lo enseñó mi padre que siempre decía “con los animales, pasa lo mismo que con los hijos, siempre se les coge cariño”. En ocasiones, también lo decía al revés.

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