Mis mascotas

15mar 14

Las bravías

Picasso

Buscando documentación acerca de por qué el símbolo de la paz ha caído en desgracia últimamente pasando a ser la undécima plaga de Egipto, encontré (en la sección «Control de plagas» de la web del Ayuntamiento de Madrid) el artículo de donde he extraído casi toda la información para esta entrada.

Las palomas de la capital son de la especie Columba livia, que se caracteriza por su perfecta adaptación al entorno urbano. Nuestras palomas bravías son capaces de hallar en la metrópoli tanto el alimento como el agua que necesitan para sobrevivir, así como los lugares idóneos para refugiarse, anidar y reproducirse. Esta magnífica adaptación al entorno les garantiza su éxito como especie, pero ese éxito es lo que nos causa tanto trastorno y fastidio; tremendas e insoportables molestias así descritas: «ruido, deterioro y suciedad de inmuebles, enseres, vehículos y ropa, por excrementos, plumas, etc.».

En un abrir ir cerrar de ojos, hemos pasado de fotografiarnos con ellas en Correos a engalanar nuestros balcones con ristras de bolsas de plástico (desconozco la perversa finalidad de esta hortera práctica tan en boga); de darles de comer miguitas de pan en los parques y terrazas a proclamar abiertamente nuestra fobia y la sabia necesidad de borrarlas del mapa celeste.

Y lo más escalofriante de esta corriente de pensamiento, que se extiende como la pólvora, es el imperceptible axioma moral que subyace: todo aquello que nos incomoda, nos disgusta o nos incordia es susceptible de ser exterminado.

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