Mis mascotas

15ago 13

Los amigos

Coelho

Hace unos días, una amiga de Amor Animal, Ángeles Mahillo, subió este cuentito que creíamos anónimo y resultó ser de Paulo Coelho («El demonio y la señorita Prym»), y que hoy quiero compartir con vosotros.

La caminata se hacía muy pesada colina arriba, el sol era de justicia y los tres estaban sudados y sedientos. Necesitaban agua desesperadamente. En una curva del camino avistaron un portal magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde manaba un agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada:

-Buenos días.

-Buenos días –respondió el guardián.

-¿Qué lugar es éste, tan bonito?

-Esto es el cielo.

-Pues qué bien que hemos llegado al cielo, porque nos estamos muriendo de sed.

-Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera –dijo el guardián señalando la fuente.

-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.

-Lo siento mucho, pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se llevó un gran disgusto, porque tenía muchísima sed, pero no estaba dispuesto a beber él solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante. Tras mucho caminar, ya exhaustos, llegaron a una finca que tenía por entrada una vieja portezuela que conducía a un camino de tierra, bordeado por árboles en sus dos orillas. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero; posiblemente durmiendo.

-Buenos días –dijo el caminante.

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

-Tenemos mucha sed, mi perro, mi caballo y yo.

-Hay una fuente entre aquellas rocas –dijo el hombre indicando el lugar–. Pueden beber cuanto les plazca.

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y saciaron su sed. El caminante regresó para dar las gracias al hombre.

-Pueden volver siempre que quieran –le respondió.

-A propósito, ¿cómo se llama este lugar?

-Cielo.

-¿Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el cielo!

-Aquello no es el cielo, es el infierno.

El caminante se quedó perplejo.

-¡Pero ustedes deberían evitar que utilicen su nombre! ¡Esa falsa información debe causarles grandes trastornos!

El hombre sonrió:

-De ninguna manera. En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

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