Mis mascotas

15jun 14

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!

Capitán

«Capitán, burrito apaleado y abandonado moribundo, unos niños iban a rematarlo»

Cuando tenga que ir hacia ti,

¡oh, Dios mío!,

haz que reine un día

de fiesta en el campo.

Yo querría,

como lo hice aquí abajo,

elegir un camino de mi gusto

para ir al paraíso,

donde las estrellas brillan

en pleno día.

Andaré con mi bastón

por la gran carretera

y les diré a los asnos,

mis amigos:

—Yo soy Francis Jammes

y voy al paraíso,

porque no hay infierno

en el país del buen Dios.

Y les díré:

—Venid, mansos amigos del cielo azul,

pobres bestias queridas,

que con un brusco sacudón de orejas

se espantan las vulgares moscas,

los golpes y las abejas…

Que yo aparezca ante ti

rodeado de estos animales

que tanto amo,

porque inclinan la cabeza

suavemente y se detienen

juntando sus patitas

con tanta mansedumbre

que dan lástima.

Llegaré seguido por millares de orejas,

seguido por aquellos que llevaron

cestas en sus flancos,

por aquellos que tiraron

de carruajes de saltimbanquis,

o carros con latas y plumeros,

por aquellos que cargan

en sus lomos vasijas abolladas,

y por burras plenas como odres,

de paso tembloroso,

por aquellos cubiertos

con pantaloncitos para protegerlos

de las heridas azules y supurantes

que les causan los tercos moscardones

que los siguen en ronda.

Dios mío,

haz que me acerque a ti

con los burritos.

Haz que los ángeles

nos conduzcan en paz

hacia frondosos arroyuelos

donde tiemblan cerezas lisas

como la piel sonriente de las muchachas,

y haz que,

en ese recreo de las almas,

inclinado sobre tus aguas divinas,

yo me parezca a los burritos

que contemplarán su pobreza humilde

y suave en la limpidez

del amor eterno.

Oración para ir al cielo con los burritos, de Francis Jammes (1868 – 1938)

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