Mis mascotas

30sep 13

Tradiciones

Forges

Son tantos y tantos los festejos, patrios y foráneos (desde el toro de la Vega de Tordesillas hasta las matanzas de delfines de las islas Feroe, pasando por cientos de tradiciones más), en los que el quid de la diversión está en maltratar y matar a un animal, que me devano los sesos intentando descubrir el porqué. ¿Dónde está lo bueno de hacer sufrir, torturar y matar? ¿Dónde la diversión o el placer de cometer estas atrocidades?… ¿En sentirse superior? ¿En demostrar que puedes?… Mal vamos.

Solo la necesidad de medirse ya me parece patológica, pero si, además, se hace con violencia y contra un ser indefenso que ningún mal te ha hecho, en lugar de contra quien proceda —ese jefe que te humilla, esa pareja que te ningunea o esa familia que te castra—; si somos capaces de vomitar toda nuestra ira solo y siempre hacia el más débil, y solo y siempre en grupo, entonces, además de patológico, es miserable, cruel y deplorable.

Pero los años pasan y seguimos celebrando el toro de la Vega, el toro embolado, los toros enmaromados, el toro de San Juan, los patos al agua, las corridas de gansos, el apedreamiento de Judas… Este es un sucinto recorrido por nuestras macabras tradiciones, pero más allá también nos encontramos con la matanza de delfines (Feroe, Dinamarca), el giro del perro (Brodilovo, Bulgaria) o la fiesta Yawar (Toropukyai, Perú).

Y, otra vez más, yo me pregunto: ¿hasta cuándo?

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