Las mascotas y el calor: cómo combatir las altas temperaturas

El verano es una de las épocas más complicadas para nuestras mascotas. Aunque nosotros disfrutamos estos meses por las vacaciones, ellos no siempre lo pasan tan bien. El calor les afecta especialmente, por lo que es de vital importancia tomar algunas precauciones si no queremos que la salud de nuestros peludos se vea afectada.

Para empezar, es muy probable que hayas notado un cambio en el comportamiento de tu animal de compañía durante estas semanas. Con las altas temperaturas, el nivel de actividad de perros y gatos disminuye considerablemente. A partir de junio es muy normal verlos descansar y dormir más de la cuenta. No te alarmes si se vuelven perezosos y no tienen las mismas ganas de moverse que antes.

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El foco de atención debemos ponerlo en las olas de calor. Debes tener en cuenta que los animales carecen de glándulas sudoríparas con las que regular su temperatura a través del sudor. La única salida que tienen de sobrevivir a la subida del termómetro la encuentran en la respiración y el jadeo. Los gatos, además, se valen de sus sesiones de limpieza para refrescarse, gracias a la saliva que depositan sobre el pelo.

Hay animales que sufren más las olas de calor. Nos referimos a los cachorros, los de edad avanzada y a aquellos que tienen la cabeza redonda y el hocico aplanado. Los dueños de perros de razas braquicéfalas como el bulldog, el carlino o el bóxer tienen que tener un especial cuidado. En cuestión de gatos, si tienes un persa, procura reservarle la habitación más fresca de la casa para su descanso. Y no olvides proporcionarle más agua de lo habitual. Si, por normal general, un gato bebe diariamente entre 40-60 ml de agua por kilo, en épocas calurosas esta cifra puede aumentar hasta los 100 ml.

En condiciones normales, los perros y gatos tienen una temperatura corporal que varía entre los 38 y 39 °C. Si notas que tu mascota está especialmente caliente, ponle un termómetro y comprueba que la cifra no supera los 42°. De lo contrario, puede sufrir una hipertermia con efectos temporales o irreversibles, en el peor de los casos. Si ves que está débil y algo desorientado, que tiene mareos y vómitos, es mejor que acudas rápidamente a un veterinario.

Prevenir, mejor que curar

Para que tu mascota no corra ningún riesgo, lo mejor es que evites, en primer lugar, salir a la calle y hacer ejercicio durante las horas de más calor. En climas húmedos la precaución debe ser el doble, puesto que la humedad ambiental alta dificulta la propia eliminación de vapor de agua del animal. Con las comidas debes hacer lo mismo: procura proporcionarles alimento a primera hora del día o si no por las noches, para facilitarles la digestión. No olvides tampoco rellenarles el cuenco del agua varias veces a lo largo de la jornada. Un perro puede vivir sin comida, pero no si está deshidratado.

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La mayoría de los golpes de calor ocurren en los coches. Evita a toda costa dejar a tu mascota encerrada en un espacio reducido, poco ventilado o al sol. Ten cuidado con esto último si tu perro o gato tiene el pelo claro. Recuerda que algunas partes de su cuerpo (las orejas, la nariz y las zonas con menos pelo) son muy sensibles a la radiación y pueden quemarse. No es descabellado usar protector solar si tienes una mascota albina. Eso sí, ¡no se te ocurra usar el tuyo! En tiendas y clínicas veterinarias tienen fórmulas especiales para animales.

Si tienes pensado viajar, lleva siempre contigo una botella de agua y una toalla húmeda para que tu peludo no lo pase mal durante el trayecto. En casa, utiliza el aire acondicionado o el ventilador y prueba a frotarle las almohadillas de las patas y la nariz si el calor es sofocante.

Aprovecha las vacaciones y el tiempo libre para experimentar con nuevas comidas y anímate a preparar helados y platos refrescantes también para ellos. Y una última cosa: ¡no olvides recortarles el pelo si quieres hacerles el verano más llevadero!

¿Cómo tratar un golpe de calor en una mascota?

La rapidez de actuación es fundamental. Si la temperatura de tu perro es elevada, tendrás que bajársela poco a poco. Puedes ponerle es un lugar fresco, a la sombra si estás en la calle, o aplicarle frío en ciertas partes del cuerpo como la cabeza, el cuello o las ingles. ¡Sí, igual que tú cuando tienes fiebre!

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Si la cosa va bien, notarás como su respiración se va calmando lentamente y el jadeo se hace menos intenso. El siguiente paso puede ser colocarle la boca bajo un chorro de agua para refrescarle o ponerle un ventilador (no muy cerca) para que tome aire. Eso sí, bajo ningún concepto intentes bajarle la temperatura cubriéndole con toallas húmedas y no le obligues a beber si no puede.

Después de practicar estos primeros auxilios, acude siempre a un veterinario para que te diga cómo actuar durante las próximas horas. Las consecuencias (a veces no visibles) del golpe de calor suelen manifestarse al día siguiente.

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