Abby, una mamá protectora

Abby, una mamá protectora

Cuando ayer os conté el parto de Abby os dije que tenía algunas anécdotas que contar y es lo que voy hacer hoy, anécdotas muy simpáticas que nos enternece ver como a veces los animales tienen un sentido protector mucho mas desarrollado que algunos humanos.

Ya os dije, en la entrada sobre el parto de Abby, que nacieron por la mañana temprano. Desde que finalizó el parto, Abby se mantuvo con sus tres gatitos en todo momento. La trasladamos de nuevo al despacho donde se está mas calentito que en el baño y por supuesto, mas tranquila porque no está todo el mundo entrando y saliendo.

Durante todo el día del Viernes Abby estuvo recibiendo la visita de todos los demás componentes de la casa que van a cuatro patas, se les acercó Luna y Pukka, las otras dos gatas y llegaron, olieron y se fueron. La que mas se acerca es Byanca, que cada vez que tiene ocasión les hace una visita , llega huele, mira, curiosea y se va.

Pensábamos que Abby iba a mostrar mas recelo porque como ya os he dicho en varias ocasiones, es una gata mas bien arisca y distante. Nos equivocamos, Abby está tranquila, centrada en sus cachorros y totalmente confiada que nadie de los que nos acercamos, le vamos hacer nada.

Cuando la noche del viernes llegó,  como todas las noches nos fuimos a la cama. Mi mujer ya estaba acostada cuando le comenté que me había acercado a la gata para verla  y que tenía a los cachorros tapados con una toalla.

Mi mujer se levantó y bajó para quitar la toalla de los cachorros. Esa toalla la había puesto encima de las sábanas que estaban dentro de la paridera un poco sucias del parto así que para colocar todo bien y no dejar a mano de la gata nada con lo que pudiera tapar a los cachorros para esconderlos, sacó a los cachorros de la paridera para cambiar las sábanas por unas limpias.

En el instante de ir María al lavadero a dejar las sábanas sucias y venir con las limpias, Abby, cogió un cachorro en su boca y salió escaleras arribas corriendo.

Lo metío en el ropero, que andaba un poco entreabierto, entre los bolsos de María. Mi mujer se dío cuenta de momento que Abby estaba asustada con la noche, que no quería estar sola abajo y que estaba intentando esconder a los cachorros para protegerlos. Bajó de nuevo, preparó la paridera con las sábanas limpias, puso a los cachorros dentros y a la madre y todos para arriba a nuestro dormitorio.

Abby, acostumbrada a dormir siempre con nosotros, ni quería quedarse abajo sola ni mucho menos dejar a sus cachorros solos.

La segunda noche, cuando Abby vió que empezamos a movernos para ir a la cama, hizo lo mismo, cachorro en la boca y escaleras para arriba, no nos quedó otra que volver a llevar todo para arriba.

Y así andamos, cachorros para arriba por la noche y para abajo por la mañana.

Abby nos ha sorprendido, no solo por la dedicación hacia sus cachorros sino porque nos ha otorgado a todos una confianza absoluta, tanto a nosotros como al resto de los animales de la casa.

¿Y Otto? Pues el papá de las criaturas se acerca, las mira, las huele y poco mas.  A ver si lo puedo captar en una de esas visitas y lo comprato con ustedes.

Os cuento esto porque es muy importante que a la mamá gata la tengamos tranquila y que le trasmitamos seguridad y confianza. Una gata asustada que piense que hay algún tipo de peligro para sus bebés, los esconderá. Nosotros tenemos que saber siempre donde están los cachorros porque si los esconde en un sitio donde no lo tengamos controlado, los cachorros se pueden morir.

Una gata, con su instinto de protección, hará lo que sea para proteger a sus gatos, los esconderá en sitios totalmente insospechados y luego, puede acordarse de donde los tiene o no, de ahí que estemos siempre pendientes y alerta de sus movimientos.

 

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