El gato que no se deja acariciar

El gato que no se deja acariciar

Hay gatos muy mansos que requiere un directo y constante contacto con las personas y hay gatos más ariscos que sienten miedo y temor al acercarse a nosotros.

Lo primero que hay que descartar es el dolor. Tenemos que estar totalmente seguros que el gato no se deja tocar porque le duele alguna parte de su cuerpo. Si nuestro gato está totalmente sano, entonces ya podemos achacar el que sea arisco a su comportamiento.

Un gato es arisco por varios motivos. Si ha sido un gato recogido de la calle o de un refugio, es simple, el gato es arisco porque tiene que completar su etapa de sociabilización y para ello solo nos queda tener paciencia, mucha paciencia.

Otro motivo puede ser por miedo. Hay gatos que son de carácter asustadizo y cualquier movimiento brusco, sonido fuerte, lo asusta. Si eso ha ocurrido mientras lo hemos estado acariciando, asociará el susto con el acercarse a nosotros. También pueden manifestar este comportamiento asustadizo si hay en casa más gatos con los que no se sienta al 100% seguro.

Lo que tenemos que tener claro es que a los gatos se le acaricia cuando ellos quieren y no cuando nosotros queremos.

Son ellos lo que se deben de acercar a nosotros, nunca los tenemos que pillar desprevenidos y dormidos. Hay que acercar lentamente la mano hacia su nariz para que nos huela. Una vez que te de un toque con su nariz, es momento de comenzar a acariciar. Comenzaremos por la cabeza, luego por el lomo, barrigas si se pone bocarriba y patas. A cada gato le gusta unas zonas más que otras así que solo tienes que observar hacia donde el gato te va dirigiendo y acariciar donde el gato te va indicando.

En casa, con este problema, tenemos a Lía, tremendamente asustadiza. Solo la podemos tocar cuando ella se acerca a nosotros y cualquier intento de acercarte tú a ella, sale corriendo.

Cuando ella decide acercarse, es tal su miedo, que quiere que la acaricie pero a la vez, va culeando para atrás de manera que es casi imposible ni siquiera el llegar a rozarla. Cuando por fin decide quedarse quieta, le encanta que le acaricien todo el cuerpo, sobre todo la barriga y muy pronto de planta con las patas hacia arriba y se queda un rato así, siempre sin perder el constante estado de alerta para salir corriendo al más mínimo movimiento.

Paciencia, no nos queda otra. Mucha paciencia y buena mano.

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