El gato y el bebé

El bebé y los gatos

Muchos padres, sobre todo padres primerizos se creen que a la hora de la llegada de un bebé a casa tienen que elegir entre el bebé o el gato. Por dios, eso no es así. Los gatos saben convivir perfectamente con el bebé y si hacemos las cosas bien, el gato no sufrirá estrés.

Lo primero que hay que dejar claro es que los gatos no tienen ni celos ni envidia. Esos sentimientos son sólo para humanos, los animales no lo tienen y los gatos tampoco.

Lo que un gato puede tener es estrés y no precisamente por la llegada del bebé, al gato le da lo mismo que haya un bebé en la casa, el gato lo que no quiere es que su rutina se rompa.

Los gatos son animales de rutinas, y eso no se debe de alterar de la noche a la mañana o el gato cambiará su comportamiento. Y no se trata de que el gato la tomará con el bebé y se liará a arañazos, sino que manifestará su disgusto de otras maneras como orinar y defecar fuera de la caja de aseo.

Bueno, vamos a explicar las cosas con ejemplos y así lo entenderéis mejor.

Previo al nacimiento del bebé, prepararemos su cuna, su cuarto y sus cosas. Lo primero que todo el mundo hace es cerrar ese cuarto “a cal y canto” y el gato no puede entrar. Ese es el primer error. Grave erros porque el gato no le va hacer nada ni a la cuna ni a las cosas del bebé. La puerta hay que tenerla abierta para que el gato entre y se familiarice con esos nuevos olores que han entrado en casa. Aún no hay bebé pero para cuando el bebé llegue, ese cuarto estará impregnado de las feromonas del gato y ya el gato no se estresará. Las feromonas no son malas, no huelen, no se notan, ni mucho menos, contienen bacterias ni microbios. Las feromonas solo las va a detectar el gato y necesita que todo su territorio las tenga.

Cuando el bebé nace, uno, dos o tres días estaremos en el hospital. Hay que tener una gasa, paño o pañuelo que tendremos junto al bebé y el día antes de la llegada a casa, llevar ese pañuelo a la casa y dejarlo al alcance del gato para que lo huela y se vaya familiarizando con el olor del bebé.

Cuando lleguemos a casa, hay que mostrarle el bebé, el gato lo mirará y poco mas. Su olor le será ya familiar. Luego, cuando el gato huela que el bebé pasa a esa zona donde ya están sus feromonas, lo considerará uno mas.

Los gatos se asustarán mas del bebé que al contrario. Por regla general no se acercarán al bebé, al menos a distancias cortas, mas bien de lejos y por simple curiosidad.

Algo que habitualmente hacen los gatos, al menos todos los gatos que conozco lo han hecho, es acostarse a dormir en la parte baja del coche del bebé. Ahí no hacen daño, como mucho ensuciarán esa parte baja del coche donde solemos poner el bolso con algo de pelos. Lo que podemos hacer es tener siempre una toalla o manta protegiendo y así cuando queramos salir, solo tenemos que retirar esa toalla o manta y ya no hay pelos que valga.

Nosotros no debemos ni tenemos porqué cambiar el comportamiento hacia el gato. Debemos de actuar con el gato como siempre hemos hecho, atenciones, mimos, juegos. Que no se sienta desplazado por la ruptura de rutina. Ahora tenemos mas trabajo con el bebé pero siempre hay un ratito para el gato.

Lo único que tenemos que controlar es que cuando el bebé duerma, el gato no se acerque sin nuestra supervisión porque en el momento que el gato le coja confianza quera acostarse con el bebé y si lo hace encima lo puede aplastar sin querer. Así que cuando el bebé esté fuera de su habitación, cuarto abierto para que el gato pueda entrar y salir. Cuando el bebé duerma en su habitación y nosotros no podamos controlar su sueño por completo porque por ejemplo es de noche y nosotros también dormimos, pues puerta cerrada y gato fuera. Eso hay que mantenerlo al menos hasta los 6- 7 meses. A partir de esa edad ya es mas difícil que un gato pueda aplastar a nuestro bebé.

Un bebé que crezca con un gato a su lado será un bebé tremendamente feliz, no lo dudes nunca.

Imagen vista aqui

1 comentario sobre: “El gato y el bebé”
  • Mi gata no se despegó del bebé nunca, la encontré un dia en la cuna! Jamas se despegó de él. Su primera palabra fue el nombre de ella, antes que papá, mamá,leche, bibi simplemente llamaba KAHI. En los terribles dos tomaba su comida y iba detras de ella a darle de comer. Jamás sufrió un arranñazo o resfriado por culpa de ella.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.


*