La ansiedad por separación en los perros

Collar anti ladridos

En esta entrada vamos hablar de la tan temida ansiedad por separación que no sólo padece nuestro perro sino que también padeceremos nosotros porque de ante manos sabemos que lo van a pasar mal cuando salgamos de casa bien porque tengamos que ir algún sitio o bien porque nos tengamos que ir a trabajar.

La ansiedad por separación afecta principalmente a los cachorros y a los sénior. En los cachorros se debe por un hiperapego a nosotros y en los sénior se debe a su pérdida de capacidades sensoriales.

Los perros que padecen este trastorno se muestran agitados, nerviosos cuando ven que sus dueños se están preparado para salir.  Es habitual que cuando salgamos y cerremos la puerta, nuestro perro comience a ladrar y / o a llorar. En casos mas graves, harán pis o caca en lugares que no les corresponde así como destrozar objetos y enseres.

 Las causas de la ansiedad no son otras que el perro se a acostumbrado a nuestra presencia y no aceptan el quedarse solos. Se agrava mas cuando hemos estado con el perro un periodo largo como puede ser unas vacaciones, una baja laborar o un periodo de inactividad profesional. También puede aparecer este trastorno ante la llegada de un nuevo miembro a la familia, tras un fallecimiento o la llegada de una nueva mascota. Una mudanza o un cambio de horarios laborales por parte del dueño también entran dentro de los posibles desencadenantes a este trastorno.

El tratamiento a seguir lo debe de indicar un veterinario pero os dejo algunas pautas.

Hacer como el que va a salir, para ellos hacer todo lo que hacemos habitualmente cuando salimos, coger las llaves, cartera, maletín o bolso, abrigos etc. pero sin salir de casa, simplemente nos sentamos en el sofá tranquilamente y sin hacer caso al perro. Si el perro se muestra intranquilo, nada mejor que ignorarlo. Debe de aprender que esa rutina es algo normal y no por ello se va a quedar solo o abandonado.

Una vez que haciendo este paso, veamos que el perro ya no se pone intranquilo ni nervioso, el siguiente paso es hacer exactamente lo mismo pero esta vez nos vamos a la puerta, la abrimos sin llegar a salir, estaremos delante de la puerta unos minutos y la cerramos y nos sentamos en el sofá.

Cuando haciendo este segundo paso, veamos que el perro ya no se muestra intranquilo o nervioso, haremos lo mismo pero esta vez si salimos, sin cerrar la puerta, estaremos fuera unos minutos con la puerta abierta, entraremos, cerraremos la puerta y nos sentaremos.

Una vez que este paso lo dominemos y el perro ya no se muestra inquieto o intranquilo,  haremos todo lo anterior pero esta vez cerramos y nos vamos unos segundos, luego unos minutos y así poco a poco iremos ampliando el tiempo de estar fuera.

Cuando regresemos no hay que hacer caso al perro, no vale llamarlo y acariciarlo como sintiéndonos culpables de nuestra marcha. Hay que actuar con normalidad, se llega a casa, se cierra la puerta, se suelta todos los objetos que llevemos, haremos lo que tengamos que hacer, como beber agua, ir al baño o cualquier otra cosa y ya cuando estemos cómodos e instalados en casa, entonces podemos acariciar y hablar al perro.

Paciencia y constancia es lo que toca hasta que eduquemos al perro a nuestras partidas. Para salidas largas como es una jornada de trabajo por nuestra parte, nada mejor que dejar al perro bien cansado gracias a un largo paseo o una sesión de juego activo, sus juguetes entre los que no debe faltar el hueso para roer o el juguete donde introducimos comida y el perro debe de abrirlo para comérsela.

Cuando regresemos, si se ha portado bien y todo está en orden, una vez que nos hemos instalado y puesto cómodos, podemos premiar con alguna golosina que habitualmente le demos.

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