Una noche inolvidable ( y agotadora)

Es sábado 22 de noviembre, me levanto y le tomo la temperatura a Niza como cada día desde que salió de cuentas. Hoy la tiene más baja…es el día. Nos ponemos muy nerviosos pero Niza parece tranquila.
Seguimos con nuestro día como si nada, aunque sabemos que lo más seguro es que esa noche tengamos que asistir a un parto. Por la tarde Javi la lleva al parque, pero vuelve antes de lo previsto, Niza quería irse, no se despegaba de él. Pasan las horas y Niza cada vez está más inquieta, llora, sale al patio, vuelve a entrar…

Javi decide acostarse y descansar un poco y Candela, dueña del novio de Niza, y yo también estamos cansadas, así que nos acostamos.

Niza vuelve a inquietarse y mi novio cree que lo mejor será quedarse con ella. A los 5 minutos de bajar, escucho el pequeño ladrido de un cachorrito y bajo las escaleras con cuidado para no molestar a la recién estrenada mamá.

Javi  me cuenta que nuestra perra se subió a la paridera, se puso en posición de hacer caca y de pronto vio como salía el primer cachorro. Ella hecha toda una madraza lo limpiaba y hacía que el cachorro respirase, a continuación cortaba el cordón umbilical con los dientes. Y así hasta 9 veces.

El primer bebé nació sobre las 12 de la noche y el último sobre las 8 de la mañana. Iban naciendo uno cada hora menos el quinto que tardó casi 2 horas y rápidamente salió el sexto. Puedo asegurar que fueron las dos horas más largas de n nuestra vida. El veterinario nos dijo que si pasaban dos horas entre cachorro y cachorro es que había algún problema y debíamos llamarlo de inmediato.

Como bien he dicho en el título, fue una noche inolvidable y tremendamente emocionante.

¡Ya no queda nada de esos cachorritos pequeños que cabían en una mano! Ahora son unos weimis enormes de entre ¡25 y 40 kg! Aunque todo lo que tienen de grande lo tienen de adorables.

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Un abrazo

África Fernández

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