Discriminación

 

Ramiro Olazábal es un vecino invidente de Santander, vive con su mujer y su perro guía, Egeo. Cada mañana, él y Egeo van caminando hasta la parada del autobús para poder ir a la piscina municipal.  Van en el autobús pues Egeo tiene seis años de edad y está mal de los huesos. Cuando en la parada no hay otros usuarios esperando, Ramiro lo tiene difícil para poder subirse. Ya han sido más de dos veces que el autobús ha pasado de largo, por lo que se ha visto obligado   a esperar media hora o cuarenta y cinco minutos a que llegue el siguiente. Por eso, ha presentado dos escritos en el Ayuntamiento quejándose. Además,  este matrimonio ha  decidido hacer pública su queja pues tras presentar el último escrito, le volvió a ocurrir. El Ayuntamiento de Santander ha respondido con celeridad a las quejas de Ramiro, el concejal de autonomía personal ha declarado que se abrirá una investigación para aclarar los hechos. 

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                                            foto: www.eldiariomontanes.es

No es la primera vez que este matrimonio ha hecho públicas las dificultades que se encuentran los invidentes para poder llevar una vida normal en Santander. Ya en 2009 tuvieron problemas en el Hospital de Valdecilla pues les intentaron impedir la entrada  con su perro guía. Ramiro estaba ingresado  y  necesitaba a Egeo para orientarle a sortear puertas o acompañarle al baño. Una de las veces, cuando pretendía volver a la habitación,  una “chica”  le echó el alto y le dijo que no podía pasar  con él. Le dio igual que le dijera que era un perro – guía y le trató despectivamente. La mujer de Ramiro le advirtió que podía poner una denuncia y que podría ser sancionada con una multa de hasta 12.000 euros, según la legislación,  en un hospital ‘Egeo’ puede  ir a cualquier lado que vaya su dueño, salvo a un quirófano, UVI*… Finalmente, no presentaron la denuncia. Ramiro le debe mucho al perro, pues éste  le ha devuelto la confianza para moverse e incluso le ha cambiado el humor. Egeo vive con la familia  desde el mes de julio de 2014, es  propiedad de la Organización Nacional de Ciegos  que se lo cede a la persona que lo necesita convenientemente entrenado.

La verdad es que en nuestro país existe la  Ley General de Derechos de las personas con discapacidad que unifica toda la normativa existente pero luego te encuentras con muchas trabas en el día a día. Como bien dice la mujer de Ramiro ” Los perros – guía no son unos perros cualquiera, son los ojos de los ciegos“. Esperemos que poco a poco se llegue  hacia una integración plena de las personas con discapacidad.

Kisses,

Olallaperro* El derecho esencial que la ley garantiza a los usuarios de perro-guía es el del libre acceso en compañía del mismo a los lugares públicos o de uso público, sean de titularidad pública o privada. El derecho incluye tanto el libre acceso o entrada en esos lugares como la permanencia y deambulación por los mismos, así como la permanencia ilimitada, constante y sin trabas del perro junto al usuario. En el caso de tratarse de centros sanitarios o asistenciales la ley establece el derecho de acceso a las áreas abiertas al público priorizando en todo momento la salud de los pacientes. Por tanto queda claro que el perro no debe entrar en aquellos servicios especialmente sensibles como pueden ser salas de curas, quirófanos, UVI, unidades con pacientes trasplantados o inmunodeprimidos, neonatología o donde haya personas alérgicas al pelo de animales.  No estaría, sin embargo, justificada una denegación de la entrada en áreas comunes de acceso general como consultas de especialistas, salas de espera o incluso en visitas a pacientes internados en planta de hospitalización, siempre que no exista alguna de las circunstancias de especial riesgo antes señaladas.

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