Ni contigo, ni sin ti

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En el post anterior, os conté cómo me había decantado por el gato persa como animal de compañía. Su carácter afable y tranquilo le convertían en una opción perfecta para una familia con niñas. Aunque es verdad que los gatos de esta raza  son muy mansos y cariñosos, los padres debemos intentar que el niño no altere su espacio ni su intimidad. Es conveniente enseñar a nuestros hijos que la mascota es un animal y no un juguete y que, como nosotros, tiene momentos que le apetece jugar y otros simplemente descansar en el sillón observando lo que pasa a su alrededor.  Es fundamental que respetemos esos momentos, pues, en caso contrario, provocaremos en nuestro animal una reacción negativa como un arañazo, un mordisco o un simple bufido.

Muchas personas consideran a estos animales ariscos simplemente porque extrapolan,  el vínculo y la relación que se suele crear entre amo y raza canina, a los gatos y es que, a diferencia de otros animales, los felinos, por regla general, no va a venir cuando le llamemos, ni va a dejarnos cogerle o acariciarle si no le apetece. Es él el que marca el ritmo de la relación pero ¡ojo! está puede ser tan intensa o más que la que tengamos con otro animal de compañía. Vera, la gatita persa de la que os hablé en el primer post, es muy independiente y pasa muchos ratos mirando por la ventana y durmiendo pero sabe, y creo que por eso lo hace, que me gusta desayunar acompañada así que, cada mañana cuando me levanto, se me engata verareda entre las piernas hasta llegar a la cocina y allí juntas, disfrutamos del olor y sabor del primer café del día. Ella se sienta en un taburete al lado del mío y reclama mis caricias mientras ronronea. Ese es nuestro momento. A mí me basta, porque la calidad de su compañía y la tranquilidad que me transmite en ese momento es tal que sería imposible estirarla durante las 24 horas del día.

 En nuestro caso, hemos intentado trasmitir a nuestras hijas que el gato es un miembro más de la familia y que como tal debe ser tratado. Tiene libertad para alejarse si quiere estar solo y la misma libertad para buscar nuestro regazo si desea compañía. Una vez aprendida esta lección, seguro que evitaremos algún que otro susto.

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