Mis mascotas

14mar 13

Atrévete a robar porque de todo hay que probar

 

Soy lo que se viene llamando un gato ladrón, o, como yo prefiero denominarme: “robón”. Desde mi más tierna infancia no he tenido inconveniente alguno en subirme en toda mesa llena de comida. ¿Qué han servido el almuerzo? ¡Ahí me subo yo! Y como se despisten para ir a por más platos, ¡entierro el morro en lo que sea!

Me da igual que haya gente delante. Salto a la mesa, a la encimera y no echo la zarpa dentro de la sartén cuando hay filetes porque tonto no soy, que sino…

Perfidita es el extremo opuesto. Ya puede haber jamón ibérico en la mesa, que ni se inmuta. Ella con dormir lo tiene todo solucionado. ¿Qué nos dan de comer? Perfecto. Durante el resto del día no la ves planeando ningún hurto, ni ambiciona bocadillos ajenos. ¡Una gata rarísima! Si tiene que sisar, se lleva calcetines, bolsas o muñecos en la boca; pero nunca comida.

Jean Paul, uno de mis predecesores

Jean Paul, uno de mis predecesores

Ante mis conspiraciones, en mi casa suelen evocar al Jean, un gato siamés y obeso que falleció poco antes de mi nacimiento. Jean sólo comía su pienso y jamás mostraba el menor interés por la comida humana. Nunca se planteó subirse al mobiliario y sólo se pirraba por los Doritos Tex Mex. Ahí sí que robaba bolsas de patatas sin complejos… Como oliera que alguien había ido al kiosko, se enajenaba para lanzarse en plancha a por el botín.

Imaginaos, un gato comedor de Doritos pero no de jamón.

Uno de los primeros gatos que tuvo mi madre fue un siamés cruzado con sagrado de Birmania, de nombre Pichy José. ¡Ese sí era de los míos! Pichy tenía la costumbre de saltar por los patios de las casas, sabiendo que por las galerías entraba directo a las cocinas -ventajas de que todas las viviendas fueran iguales que la propia- y llegó a llevarse un filete de una vecina, un chorizo de otra… ¡Era el terror del barrio!

En casa no se portaba mejor, porque me cuenta Mamita que una vez lo sorprendió engullendo los macarrones que dentro de la olla esperaban la llegada de su padre a mediodía. En vez de deshecharlos, mi abuela le dijo que guardara el secreto y mi difunto abuelo se comió la pasta fociqueada por Pichy José. Cuando se enteró, muchos años después, no daba crédito a los hechos.

Aparte de sus actos delictivos era un gran gato, que actuaba de despertador. A la hora de levantarse para ir al colegio, mi abuelo abría las puertas de las habitaciones, encendía la luz y Pichy José acudía presto a despertar a los niños mordiéndoles la nariz. A las barbillas tampoco les hacía ascos.

Yo de robar a los vecinos no soy, porque tampoco me gusta que me critiquen en el barrio. Soy un robón más de andar por casa: a mis padres, a mi abuela… ¡pero a nadie más! Además, que soy muy fino y a saber cómo cocinan en otras casas y qué aceite usan, que yo no me fío.

¿Y vuestros gatos? ¿Son amigos de lo ajeno?

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5 comentarios

  1. Precioso Jean. Mis gatos también roban lo que pueden Ferny!

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  2. Hola Ferny!!!!
    Dina no es muy robona aunque a veces si siente el olor de algo que le guste mucho trata de subirse a la cocina pero lo piensa tanto para hacerlo que siempre la descubrimos antes.
    El año pasado alimentábamos a Federico, un callejero que aprendió a subir hasta mi balcón, y un día mi mamá puso a descongelar unos filetes de pechuga de pollo y dejó la puerta del balcón abierta, cuando vino a darse cuenta ya Federico se estaba limpiando los bigotes.

    Un beso!!!

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    • fernyturkishangora

      ¡Qué astuto es Federico! Si yo fuera callejero iría robando por las casas, aunque sería improbable que un angora turco como yo bajara de estatus.
      Chocadita.

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  3. Jean Paul era calcao a mi Minino, tenias razón !

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