Mis mascotas

febrero, 2013

27feb 13

Dar una pastilla no es una pesadilla

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Muchas madres de angoras turcos y felinos simplones en general se devanan los sesos pensando cómo hacer para darles las pastillas.

Mamita no tiene ningún problema conmigo, porque me la trago a la primera sin rechistar y jamás opongo resistencia. Perfidita tampoco se opone a la ingesta medicamentosa, porque a nosotros lo que nos molesta es que nos echen gotas en los oídos. Fuera de ahí, como si nos dan serrín.

Los gatos de acogida fueron harina de otro costal. Hace unos meses, Mamita se fue encontrando por entregas una camada de seis gatos, abandonados delante de nuestra casa y en bastante mal estado. Tres negritos, dos naranjas y una tricolor.

Yo los acepté bien, pero Perfidita, a pesar de ser más pequeña, se puso muy celosa y siempre que creía que nadie la estaba viendo, repartía unas cuantas collejas entre ellos.

Como es lógico, necesitaron ser desparasitados, vacunados y tratados de todo aquello que traían, porque entre mocos y legañas mi casa parecía una enfermería y nosotros teníamos que andar con mascarilla. El momento álgido, llegó cuando Mamita tuvo que darles las pastillas. ¡Se negaron en redondo!

Cada intentona se traducía en un montón de arañazos y algún que otro mordisco, presentando las manos de mi progenitora un aspecto que parecía que Freddy Krueger la había puesto fina filipina.

De pronto, Mamita sonrió. ¡Se le había encendido una bombilla en esa cabecita!

Machacó las pastillas como hace con las galletas cuando trata de hacer base para cheesecake e introdujo el pulverizado resultado dentro de un trocito de queso, ofreciéndoselo a los incautos gatos de acogida. Los muy ignorantes, se lo comieron de un bocado y así se terminó el quebradero de cabeza.

No sufráis con vuestros gatos, porque los arañazos se pueden evitar.

Chocada de patas.

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21feb 13

Gato bañado, gato acicalado

 

Pensando lo que voy a escribir...

Pensando lo que voy a escribir…

Algunos gatos no se bañan. Y hacen bien, en mi opinión, porque los gatos somos los animales más limpios de la creación.

Mi padre le robó la gata a unos vecinos, que en cierta ocasión adquirieron dos perros grandes y no se acordaron más de ella. Del miedo, la minina no volvió a entrar en la finca, por lo que mi progenitor la sedujo con comida más rica que la de su vivienda de origen y se quedó en su casa de campo. Muchi, que así se llama esta felina simplona, ya puede rebozarse entre la arena del camino a mediodía como si de la gata de “El Exorcista” se tratara, que por la tarde presenta el pelaje más impecable que imaginar se pueda.

Mamita opina que si nos lavamos por instinto es por algo, así que es bueno asearnos desde la más tierna infancia. Recuerdo mi primer baño con horror… Acababan de sacarme de la basura. Yo estaba desnutrido, maltratado y apenas contaba con un mes de vida. Una gran capa negra cubría mi manto blanco y entonces el Crij, amigo de mi madre, mi co-descubridor y médico de profesión, tuvo la brillante idea de bañarme. Santo Domingo, finales de julio, 45º a la sombra. ¡Y yo me hipotermicé! Así que imaginad los recuerdos que me llegan de semejante momento.

El Crij me secó y abrigó y… no es por sembrar el pánico… pero después de que casi me matase de frío, ahora ejerce la medicina en España jejeje ¡es broma, porque me salvó! Yo había llegado en muy mal estado, motivo que hizo que mi primer baño en lugar de placentero sólo me quitara un poco de miseria.

Mis primeras imágenes después del bañito

Mis primeras imágenes después del bañito

En esta foto lo que se me ve no es suciedad precisamente… Las fotos del antes las he censurado, a ver si luego ciertos gatos maliciosos se iban a dedicar a publicar en sus blogs barbaridades sobre mis orígenes, que ya os comenté en la entrada anterior lo grande que es la envidia en nuestros tiempos.

Nunca me desagradó posteriormente bañarme, me encanta el agua templada y como tengo pelos largos, adoro la sensación al ser peinado. Eso sí, nunca sustituyáis el champú de vuestros gatos por el vuestro, porque como especies diferentes, cada uno tiene sus propias necesidades. Si tú nunca te lavarías la cabeza con el champú de tu gato, no hagas que él se bañe con el tuyo, ni mucho menos con gel de baño si no lo quieres ver lleno de caspa y con el pelaje áspero.

Tu gatito se debe tomar el baño como un placer, no como un castigo y por ello se ha de habituar, como os he dicho, desde pequeño. Las primeras veces, no lo asustes con el secador, consejo extensible a cuando adoptes un gato adulto que deba habituarse a tí y hayas decidido bañarlo. Muchos felinos odiamos ese armatoste, y yo no soy de los que más, pero me cuenta mi madre que tuvo un siamés que después del baño, le pegaba cada revés al secador que de puro milagro nunca lo lanzó por los aires.

Mi hermana, Perfidita, siente pasión por el agua. Cuando alguien se ha bañado y quita el tapón de la bañera, aprovecha el menor descuido para poder chapotear ella en el agüita y la espuma que quedan. Pero en casa siempre hemos sospechado que Perfidita no es una gata. No le da miedo salir a la calle, estar en brazos de todo el mundo ni ir de bar en bar y de terraza en terraza. ¡Todo un caso!

Así que disfrutad del baño de vuestro gato, mucho cuidado en templar la temperatura, secadlo con una buena toalla, peinadlo con un estupendo cepillín y si es buen momento, usad el secador a una distancia prudencial.

 

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17feb 13

Gato calumniado termina desesperado

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Sí, lectores y lectoras, estoy harto, ¡harto! A la vista está que soy muy guapo y, por ende, envidiadísimo. No todos los días se ve un angora turco de grandes ojos verdes y los pelos tan largos, hasta ahí de acuerdo, ¿pero es necesario sacarme chismes?

La primera calumnia, ¡pásmense!, viene de parte de la envidia cochina en general, que insinua que yo no escribo este blog, sino que tengo una negra -mi madre- que es quien lo hace. ¡No señor! Yo nunca firmaría algo escrito por otra persona. Mi dignidad gatuna me impide hacer algo así. Cada uno ha de poner a su nombre lo que su intelecto le permita hacer y si yo fuese un felino simplón, no sería escritor directamente. ¿Acaso se llama este blog Turkish Angora World and Mum? ¡No! Pues es por algo. Mi madre es la correctora y punto.

¡Pero seguimos! Porque… Bueno, me cuesta hasta decirlo… Mi primo Carlitos, ese gato gordo y naranja natural presuntamente del concejo asturiano de Cudillero, ha hecho correr el rumor de que me huelen los pies. ¡A mí! Que no tengo las patas más blancas porque no me baño en bicarbonato. ¡Qué indignación!

La diferencia entre mi primo y yo es que él, cuando va al pueblo, salta entre el estiércol, caza ratones y se enguarra vilmente, mientras que yo sólo salgo de casa para ir al vete, si no contamos el día que me escapé para pegarle la paliza a Juan Manuel. ¿A quién es más probable entonces que le huelan las patas?

El pobre es normal que me envidie, porque soy mucho más guapo y delgado que él, sin contar que yo no soy inmunodeficiente ni me faltan piezas en la boca. ¡Y es que le tuvieron que sacar una muela! Que no era una muela normal, tenía tanto marfil que como agradecimiento el Ratoncito Pérez le regaló nada menos que cinco euros.

Prosiguiendo con la tercera mentira, nos topamos con Irene, la madre de mi gran “amigo” -nótese la ironía- Umpa Lumpa y de mi novia, Galia Micromachine. Como soy mil veces más inteligente que su hijo, la envidia le corroe y ahora se ha inventado… ¡qué siempre estoy durmiendo y soy el gato más vago del mundo! ¡Habrase visto! ¡Pero si no paro! Escribo aquí, en el blog de mi madre, cuido de mi hermanita, le escribo cartas a Galita… ¡soy un angora turco pluriempleado!

Espero que, con esta entrada, haya quedado suficientemente claro lo que NO es verdad respecto a mi vida, pues no quiero interponer querellas ahora que hay que pagar tasas.

¡Chocada de patas!

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13feb 13

San Valentín ha llegado y he aquí un gato enamorado

El 14 de febrero es el día del Amor y de la Amistad.

Yo estoy enamorado de Galia Micromachine, que a la vez es la hermana de Umpa Lumpa, con quien mantengo una relación de más odio que de amor. Umpa Lumpa está enamorado de Galia, porque con eso de que es un híbrido entre un gato y un ser cinematográfico cree que tiene disculpa, ¡pero no! Uno no se enamora de una hermana.

A mi hermanita, Perfidita, le gustan Umpa Lumpa y Carlitos. Carlitos no está enamorado de nadie, aunque tuvo un affaire con su vecina Pulguerín, pero fue una aventura pasajera y desprovista de cualquier sentimiento por ambas partes. De ese tipo de modernidades que se llevan ahora y que yo, que soy un gato chapado a la antigua, no comprendo.

Por supuesto, sobra decir que Galia me corresponde a mí y que cualquier día de estos se trasladará a mi domicilio, vacacionando ambos en su Casita de la Sierra.

¿Qué os váis a regalar, lectores y lectoras? No me digáis que pasáis de celebraciones, porque sé yo que es lo que responden todos los que nunca reciben un colín. Un angora turco suele recibir muchos regalos y tarjetitas y para facilitaros el contacto con mi persona, podéis remitirle un email a mi progenitora, que muy amablemente os dará mis señas. Se aceptan todo tipo de obsequios propios de la categoría de un bloguero periodístico como yo.

Mi actual pareja, Galia Micromachine

Mi actual pareja, Galia Micromachine

Como muestra de mi buen humor, os voy a dejar la poesía que con motivo de este día le he compuesto a Galia:

Oh Galia Micromachine

tu hermano no se come un colín

contento estoy como maracas de Machín

y al verte aleteo como delfín.

Eres sevillana de las Tresmil viviendas

de color gris, guapa y estupenda

no tienes pulgas ni garrapatas

y por suerte no te faltan dientes ni patas.

Feliz día de San Valentín

para el rabo te regalaré un calcetín

perfume gatuno y barritas de atún

y para que rime una lata de betún.

 

Sí, ya lo sé, soy un gran poeta. Cualquier día publicaré un libro si nadie lo remedia, que a día de hoy nunca se sabe.

 

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10feb 13

Hermana no hay más que una y cuando maúlla la escuchan en la luna

Mamita nunca había tenido una gata. En realidad miento, porque cuando iba a Parvulitos, tuvo una durante aproximadamente un año. Se llamaba Nusi y era negra y tan buena que cuando mi madre entraba en clase, se quedaba esperándola paciente en la ventana de la escuela. Un día, un coche la atropelló.

Veinticinco años después de aquello, llegó mi hermana a casa.

Perfidita

Perfidita

Pérfida había nacido el 17 de marzo de 2012 y Mamita fue a recogerla un mes escaso después. Nació en un pueblo de Infiesto llamado Sevares y se supone que es mezcla de angora turco, aunque no tiene mi belleza ni mis pelos largos ni de lejos. Sus ojazos son azules, sin desmerecer en nada a los míos verdes. Mamita me dice que no me preocupe, porque azules los tienen los cerdos, así que mis ojos me gustan más que los de mi hermanita.

El día que llegó, me metí en su camita a incubarla y desde entonces somos inseparables. Perfidita es muy buena, mal encarada y seria. La puedes llevar a cualquier sitio en brazos, porque no se mueve. Mamita en verano la saca bastante y hasta la lleva a terrazas, sin que la tía se inmute. ¡Qué si soy yo, me pongo como un loco y araño a diestro y siniestro! ¿Qué es eso de ser un gatiperro? Un gato que se respeta tiene que sentir pánico a ser sacado y a los desconocidos y sobre todo morder y arañar mucho cuando lo van a tocar fuera de su hábitat.

Como está mezclada con perro, Perfidita tiene la costumbre de robar cosas y pasearse con ellas en la boca. ¡Todo le sirve! Hay que tener un cuidado con ella…

A Pimpón, el tortugo de la casa, lo tiene bastante amargado. Es un bicho enorme, la típica tortuga de agua que venden en todas partes y que a la mayoría de la gente se le muere. A nosotros no sólo no se nos murió, sino que a sus trece años es un galápago gigante. Pues Perfidita, cada vez que lo ve paseando, se sube encima suya. También le da collejas con las uñas guardadas y lo persigue. Ahora, como está hibernando, trata de destaparlo cada vez que puede y le caen muchas broncas.

Perfidita y yo dormimos juntos y abrazados, porque es mi hermana menor y por ende mi responsabilidad. Como soy su líder indiscutible, intenta imitar todo lo que hago. La última es que ya se sube encima del mueble del espejo del baño. El siguiente paso será encaramarse en la mampara de la ducha, que será cualquier día con lo copiona que es.

Su voz es ronca y cuando está en celo pega voces. La van a esterilizar, como a mí, pero como es de tamaño pequeño, nadie esperaba que entrara en calor a los diez meses y comenzó a reptar por los suelos como una poseída. Le duró una semana y en vez de molestar, nos hacía gracia porque raptaba las zapatillas y cuando menos te lo esperabas, soltaba un maullidito. Fue un celo light.

Al principio, yo quería ser gato único, pero ahora estoy muy contento con mi hermanita.

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07feb 13

Un angora turco también tiene enemigos

 

¡No lo puedo evitar, lectores y lectoras! Yo trato de ir bien por la vida, pero es que siempre me encuentro con otros gatos que me sacan de quicio. Este es el caso de Juan Manuel, un gato arrabalero de mi barrio al que se las tengo juradas.

Los hechos se remontan al día 29 de diciembre de 2010.

Encontrábamonos en casa Mamita y yo, cuando unas voces gatunas nos alarmaron. Al asomarnos por la ventana, un gato enorme, gordo y gris estaba arrinconando a mi difunto hermano Punkys contra un cáctus del jardín. Mamita no se lo pensó dos veces y salió a la calle para rescatar al Punkys, que se encontraba entre Juan Manuel y el cáctus austadísimo.

Juan Manuel que la vio se le lanzó a la mano derecha y le dio varios bocados, dejándole seis dentelladas más profundas que mi asombro desde la ventana. Como le asusta su propia sangre, nada más entrar en casa a mi madre le dio un mareo y se cayó redonda, golpeándose en la frente con el pico de una mesa bajera de cristal. Terminó en el hospital, claro, y además no la pudieron coser porque en mordidas no se recomienda. Imaginaos las ganas que le tuvo Juan Manuel, que Mamita aún luce seis hermosas cicatrices que le dan un aspecto un tanto suicida.

Desde ese día se las juré a Juan Manuel. Guardé mi ira día tras día, hasta que hace unos meses vi la oportunidad de oro. Contemplando la calle detrás de la cortina, lo vi pasar por mi acera y me dije: ¡Ésta es la mía! Pegué un triple salto mortal, avalanzándome sobre su persona -o lo que buenamente esa mole sea- y le solté en sus mismísimos morros todo lo que pienso de él. Juan Manuel no se quedó callado y la discusión fue subiendo de tono, hasta que Mamita se percató de que yo no estaba en casa justo mientras escuchaba algún miau más alto que otro en la calle.

Salió justo cuando yo me disponía a freír a collejas a mi adversario, evitando la catástrofe. Juan Manuel no se asusta fácilmente, pero Mamita esta vez fue prevenida y se personificó acompañada de Ramón, nuestro perro, cuya presencia logró que el malvado felino grisáceo pusiera pies en polvorosa.

Instantánea de mi enfrentamiento con Juan Manuel

Instantánea de mi enfrentamiento con Juan Manuel

Para inmortalizar mi experiencia como latin king, Mamita me pidió que posara para ella una vez Juan Manuel se había largado a su casa -que por cierto no sabemos cual es, pues nadie reconoce su pertenencia, aunque está claro que tiene padres-, por lo que la complací. No todos los días un angora turco se retrata en plena calle, así que quise conservar un recuerdo del momento en el que le canté las cuarenta a mi enemigo.

Única imagen que existe mía en la calle

Única imagen que existe mía en la calle

Con el paso del tiempo, Mamita hizo las paces con Juan Manuel. Yo siempre lo digo, ¡es una blanda! Este 28 de diciembre, Día de los Inocentes sorprendentemente y justo cuando se iban a cumplir dos años de la agresión, bajaba mi madre las escaleras de nuestro garaje cuando se cruzó con él. Juan Manuel se tumbó en el suelo como un minino sumiso y ella, al fijarse en su carita de gato que no rompe un plato, se ablandó y lo acarició. ¡Qué memoria más selectiva!

Eso sí, yo no pienso hacer lo mismo y como otro día me pueda escapar, ¡qué tiemble Juan Manuel!

Chocada de patas.

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05feb 13

Para gato bien nacido presentarse es debido

Desperezándome por la mañana

Desperezándome por la mañana…

Lectores y lectoras, tenéis la suerte de contar con mi presencia desde este momento. Me llamo Fernando Álvarez, aunque todo el mundo me conoce como Ferny. Soy un angora turco, pero no de esos que salen de tiendas ni criaderos: fui encontrado en la basura.

Nací en Santo Domingo de Guzmán (República Dominicana) sobre el 1 de julio de 2010. Mis recuerdos comienzan en un contenedor, cuando mi madre fue a tirar un papel y nuestros ojos se cruzaron. No tendría ni un mes y ya me encontraba desnutrido y había sido salvajemente maltratado. Mamita me sacó de allí y me llevó con ella, realizando sin duda la mejor elección de su vida –en sus propias palabras-.

Contaba yo con algo más de cinco meses cuando nos vinimos a vivir a España. Conste que yo me siento español, concretamente asturiano y cuando juega la Roja, mejor que nadie me distraiga. ¡Con razón dicen por aquí que la vaca es de donde pace, no de donde nace! Lo que más pena me dio de la mudanza fue dejar atrás a Phillipe, un lhasa apso que es mi primo y mi mejor amigo, con quien jugaba mucho y por supuesto sigo en estrecho contacto. ¿O alguien se cree que los angoras turcos no hablamos por videoconferencia? ¿Qué hago yo entonces escribiendo un blog?

Aquí quería llegar, porque no soy ningún novato. Pese a que os honraré desde hoy con mis post de gato clasudo, poseo dilatada experiencia en las nuevas tecnologías. Mamita hace dos años que tiene un blog y allí ejerzo de bloguero suplente. Cuando no se le ocurre nada o está muy ocupada, en cualquier descuido me encaramo frente al ordenador y dejo volar mi imaginación.

Gracias a la blogosfera he encontrado grandes amigos, como Carlitos, Umpa Lumpa, Efi, Luhay, Forlán y otros gatos de prestigio con los que comparto aficiones. Sin embargo, y aunque seguiré ayudando a Mamita como es obligación de todo buen hijo, ha llegado la hora de que cuente con mi propio blog, y no podía ser en cualquier sitio, porque un gato como yo merece una publicación a su altura.

Periódicamente, os iré desvelando distintos misterios de la raza felina, explicando curiosidades, desterrando mitos, contando mis vivencias y anécdotas y presentándoos a mi familia y amigos.

Por cierto, debo decir en honor a la verdad que mi madre me corrige las faltas de ortografía y me obliga a escribir en minúsculas, porque si por mí fuera…

¡Dulces zarpazos y hasta la próxima!

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