Mis mascotas

mayo, 2013

29may 13

Más empujones y menos vacaciones

minimonstruodelcoton

He descubierto que tengo una nueva afición: tirar a Perfidita por la ventana.

Cada vez que se asoma al sol, le meto un empujón y se cae mientras pone una cara de velocidad que hace que me parta y me tronche.

Antes de que nadie se escandalice, puntualizo que vivimos en una planta baja y que tenemos jardín, por lo que Perfidita siempre amortiza.

Un par de veces, mi abuela presenció la acción y salió corriendo despavorida a buscarla. Por ello, he aprendido a empujar a Perfidita con más disimulo, cerciorándome de que no hubiera testigos. Ahora, mi madre la echa en falta y al asomarse, ve un bulto blanco entre claveles y geranios.

Cada vez que es rescatada, Perfidita miaga con voz de gata victimista, para que se sepa bien que está harta de mis embestidas.

Menuda gata más mimosa, en vez de tomárselo con buen humor y aprovechar para pasear por la calle, se queda inmóvil lloriqueando en el jardín para que la rescaten. ¡Yo no la entiendo!

Mamita se trae algo entre manos. No deja de comprar cosas ni de hablar de maletas. El otro día la escuché hablar con mi madrina algo de un viaje, por lo que entiendo que van a ir a alguna parte.

A mí no me gusta salir de Asturias. Como aquí, no se está en ningún sitio y los gatos tenemos mucha comida típica para robar. ¿Para qué queremos más? Además, hay verdes campos por los que los gatos podemos correr. No sé por qué mi madre es tan dada a ir a otros sitios, si además odia los aviones porque dice que se aburre mucho en los viajes y cuando viene de países tropicales inmediatamente le da un gripazo. Que yo no quiero decir nada, pero este año ya lleva dos y con 29 años no es una mujer joven para jugar con la salud.

Así que, los que no tengáis la suerte de vivir en la Costa Verde, si tenéis pensado cogeros unos días este verano, ¡venid a Asturias! Tenemos verdes campos, playas, montañas, sidra, fabada, arroz con leche, frixuelos… ¡El paraíso!

¡Chocada de patas de angora!

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12may 13

Adiós a Pimpón aunque nos duela un montón

pimponcio

Pimpón ha muerto, palmado, estirado la pata. Y ahora, lectores y lectoras, os preguntareis: ¿quién es Pimpón?

Pimpón era mi tortugo. Según mi madre tenía trece años, pero Cris, la amiga que se lo regaló, asegura que contaba con nada menos que quince. Y éso para una tortuga de esas que compráis por ahí y se os mueren a las dos semanas es un gran triunfo. Pero es que mi madre es muy buena madre y ese bicho vivía a cuerpo de rey.

No era un tortugo normal. Cuando lo soltábamos, que era casi siempre, se pateaba la casa entera en cinco minutos. El que diga que las tortugas son lentas es porque no conoció a Pimpón.

Tenía una boca como un buzón de correos. Por el invierno hibernaba y en verano comía como si no fuera a haber mañana.

Cuando Perfidita era pequeña, lo perseguía y se subía encima suya. ¡Estaban la mar de graciosos!

Mamita ha llorado mucho. Mi padre, que no tiene sentimientos, al escucharla decir que se había muerto el tortugo estalló de risas. Él dice que no se rió de Pimpón, sino de mi madre diciendo que Pimpón había muerto, pero yo no sé qué creerme.

Además, luego fue muy simpático, y en mitad del ascensor le dijo a Mamita en toda su cara: “Tortuga, tortuga, tortuga. Ferny, Ferny, ¡Ferny va a ser el próximo!”. ¡Imaginaos la gracia que me hizo al enterarme! Mi propio padre es un graciosillo barato. ¡Qué ofensa!

Pimpón fue sepultado en un entierro precioso en el jardín, entre flores, dentro de una cajita negra con su nombre. Mamita no quiere tener más tortugas, porque sabe que ninguna será como él: sin miedo a nada.

No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.

Chocada de patas.

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04may 13

Quien con cobayas duerme apestando se levanta

rhada

Lectores y lectoras, al fin ha llegado el momento de hablaros sobre Rhadamés. Rhada es mi cobaya, tiene dos años y hace uno que lo adoptamos. Llegó desde Madrid, víctima de un desahucio. Tristemente, el resto de sus compañeros terminaron en manos de criadores, pero a él lo salvamos y desde esa fecha mora en mi domicilio.

Se trata de una mezcla entre rata y conejo con costumbres tan extrañas como ponerse a hablar solo a voces día sí y día también a las 4 am. Si le cepillas las melenas, no duda en chillar como si lo estuvieras torturando, que miedo nos da que cualquier día los vecinos llamen a la policía por su culpa, por su culpa y por su gran culpa.

Resulta que el otro día mi abuela tuvo a bien cogerme en brazos, exclamando a continuación: “¡Hay que ver lo mal que huele este gato! Ferny, ¿se puede saber dónde te has metido?”. El enigma se resolvió cuando, un rato después, me sorprendió durmiendo la siesta dentro de la jaula de Rhada, en su compañía.

Rhada hace popó como una cabra, así que por mucho que le limpies la jaula, siempre te encontrarás con un puñado de regalitos que nuestra rata fabrica a ritmo vertiginoso. Yo, extrañando a Perfidita, que con la convalecencia estaba descansando en otro cuarto, me puse cariñoso y decidí hacer siesta junto a Rhadamés. Pero claro, me tumbé sobre su paja defecada y salí de allí apestando a estiércol.

perfi3mayo13

Para los interesados en el estado de mi hermanita Perfidita, os diré que el lunes, después de once días de la histerectomía, le quitaron los puntos. El martes no tuvo mejor idea que pasar su áspera lengua por la cicatriz, aún tiernita, abriéndosela un poco. Mamita corrió al vete como alma que lleva el demonio y allí le inyectaron antobiótico y ahora le tienen que aplicar diariamente una pomada cicactrizante y está tomando antibióticos en pastillas mañana y noche. Ya está mucho mejor, pero no nos fiamos de quitarle el collar isabelino, del cual ella está harta, pareciendo además una lámpara.

Chocada de patas.

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